Orar como Ana, el poder de la oración

Esta semana estuve escuchando algunas predicas, y hubo un versículo que me marco y me emociono tanto. Me hizo entender la paz y la confianza que debemos tener en Dios cuando le pedimos algo, y lo hacemos de la manera correcta. Siempre recuerdo las veces que he orado tan intensamente, en donde he visto el poder de Dios, siempre que le he puesto su voluntad como condición.
 
Pero el aprender a confiar y esperar en paz, es uno de los mayores retos; sin embargo, cuando oramos de la manera correcta, esa paz viene a nuestros corazones y nos ayuda a esperar. El versículo que me emociono se encuentra en 1 Samuel 1, la historia de Ana. Vamos a repasar esta impactante historia:
 
¿Quien era Ana?
 
Ana era una mujer, de clase media-alta, no le faltaba nada material, tenía su esposo que cuidaba de ella y la amaba mucho, pero vivía en una inmensa tristeza, lo que para la época era lo peor que le podía pasar a una mujer, ella lo era: era estéril, y no tan solo eso, sino que era la segunda esposa, tenia que compartir su día a día, con otra mujer que la hacia sentir miserable por su condición, que la envidiaba, por el amor que le dedicaba su esposo, a pesar de no tener hijos, leamos:
 
Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos. Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?
1 Samuel 1:4‭-‬8 RVR1960
 
En resumen, podemos decir que Ana fue acosada y maltratada por su rival durante años, envidiada, estéril, vivía triste, sufría y su corazón estaba afligido; es decir, vivía en depresión, a pesar que creía en Dios, que era muy amada por su esposo y no le faltaba nada. Sin embargo, también era persistente, ayuno durante años pidiendo lo que anhelaba.
 
¿ Como cambio todo?
 
Esta situación de sufrimiento la hizo acercarse a Dios de una manera muy intima y personal:
 
ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.
1 Samuel 1:10
 
E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza. Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.
1 Samuel 1:11‭-‬13
 
La intensidad de la oración de Ana, no era desde su boca, era desde lo más profundo de su corazón, de un corazón que había sufrido durante muchos años. Un corazón que estaba humillado ante Dios, porque solo Dios le podía dar esto que ella tanto anhelaba: un hijo!
 
Ana todos los años subía hacer sacrificios con su esposo y familia, se puede decir que era una mujer religiosa. Supongo que en todos estos años, siempre presentaba a Dios su petición, de manera religiosa. Pero, solo la vez que dejo a lado la religiosidad, el rito, y derramo su corazón ante Dios, desde lo mas profundo, con humildad, y con un propósito para el servicio a Dios, solo ahí su petición fue cumplida. Como dice Santiago 4:1-3:
 
¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
Santiago 4:1‭-‬3
 
Cuantas veces venimos con peticiones para gastar en nuestros deleites: tener el mejor empleo, la mejor casa, las mejores cosas y cuando pedimos estas cosas: ¿Consideramos ponerlas al servicio de Dios?, ¿Pensamos en como podemos honrar a Dios con esto que tanto anhelamos?
 
¿Que hizo Ana después de orar?
 
No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora. Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho. Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *