Hay una historia muy conocida en la Biblia la cual es la muerte de Lázaro, en donde Jesús es avisado con mucho tiempo de su enfermedad, y sus hermanas le suplican que vaya rápido a verlo para que lo sané. Sin embargo, Jesús no responde inmediatamente, sino que espera que pase algunos días, y cuando ya Lázaro ha muerto es cuando el decide ir hasta allá.
Esta historia tiene muchas enseñanzas maravillosas, desde la de entender que, a pesar que nosotros no lo veamos y creamos que todo esta perdido, Dios esta en control y El hace en su tiempo, a su manera y todo con un propósito.
Pero de esta historia, hay un versículo que casi pasa desapercibido y es el siguiente:
«Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él».
S. Juan 11:16 RVR1960
Jesús le estaba anunciando a sus discípulos que Lázaro había muerto y que era tiempo de que ir a Jerusalén, pero ni Jesús ni sus discípulos eran ya mas bienvenidos en Jerusalén. Los principales lideres de los judíos estaban muy molestos, y solo buscaban la manera de agarrar a Jesús y matarle, por eso la expresión de Tomás: «Vamos también nosotros, para que muramos con él».
¿Cuanto nos parecemos a Tomás?, caminamos con Jesús, hemos escuchado sus enseñanzas, visto sus milagros, pero aun dudamos. Cuando algo no luce como debería, o lo que la lógica nos dicta, no lo aceptamos ni creemos.
Fíjense este otro versículo en otro pasaje:
«Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?»
S. Juan 14:5 RVR1960
Jesús les estaba hablando sobre su muerte y segunda venida:
«No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.»
S. Juan 14:1-4 RVR1960
Tomás lo estaba escuchando, pero en su mente racional, no comprendía lo que Jesús hablaba.¿ A cuantos de nosotros nos pasa lo mismo?, escuchamos pero no nos cuadra y no lo podemos aceptar.
«Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré».
S. Juan 20:24-25 RVR1960
Aunque no recuerdo algún versículo que diga claramente que Tomás vio la crucifixión de Cristo, no dudaría en creer que así fue, de repente escondido entre la multitud, vio a su Maestro morir. Jesús se lo había anunciado, pero le había hecho una promesa, que regresaría por ellos, pero el mismo Tomas que había cuestionado esto, ese mismo Tomas ahora tenia el hecho real de que su Maestro ya no estaba. ¿Porque si Tomás no creía realmente que Jesús volvería, estaba escondido con los discípulos?, ¿Tal vez esperando que se olvidarán de ellos y volver a su antigua vida? O pensado:¿Y si es verdad, y si viene?.. pero a la vez con la duda: y ¿si no?, ¿si todo es mentira?. No me quiero imaginar el conflicto interno que hubiese estado viviendo Tomás en ese momento. ¿Hemos vivido nosotros algo similar?. Jesús conoce a sus escogidos, y es por eso que más adelante pasa lo siguiente:
«Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.»
S. Juan 20:26-29 RVR1960
Es tan fuerte esta escena, que no encuentro palabras que describan todos los sentimientos y emociones que se experimentaron ahí. Sin embargo, no siento que esas palabras de Jesús hayan sido pronunciadas con dureza, mas bien de manera reflexiva, Jesús nos ama a pesar de nuestras dudas, pero sabe lo que sufrimos innecesariamente por no confiar y esperar en El, y por eso dice: » bienaventurados los que no vieron, y creyeron». Cuando confiamos en Cristo, a pesar de las situaciones que estemos viviendo, que racionalmente no se vea solución, si descansamos en Cristo, podemos tener el gozo de saber que:
«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.»
Romanos 8:28 RVR1960
Mantengámonos en oración para no dudar como Tomás, sino vivir con la Fe de Abraham, que entendió lo maravilloso de confiar siempre en Dios, y Dios le bendijo grandemente. Esa es la fe que Dios espera de nosotros, una fe sin dudas ni cuestionamientos.
¡Dios te bendiga!
