¡Perder para Ganar!

Hace tiempo había un programa de TV que se llamaba así: Perder para ganar, y se trataba de personas obesas que seguían un plan de ejercicios y alimentación para perder peso, y de esa manera ganar salud.
Los médicos siempre nos recuerdan la importancia de perder el peso en exceso que tenemos, y el impacto negativo que tiene en nuestra salud cuando lo llevamos por mucho tiempo.
Sin embargo, aunque nos lo dicen repetidamente , nos cuesta cambiar patrones de alimentación y ejercicios. En los mejores de los casos, logramos hacer cambios por 1 o 2 meses, pero fácilmente caemos en viejos patrones, no soltamos la carga.
Lo mismo nos ocurre espiritualmente, durante años nos cargamos de pesos que nos hacen mucho daño, pero que no lo vemos hasta que el daño es muy importante.
Estos pesos pueden ser resentimientos ocultos, odios, celos, envidias, falta de amor propio y de otros, control, manipulación, mentiras, chismes, amarguras, etc, que gramo a gramo van sumando una gran carga.
¿Que pasa cuando vamos cargado todo esto?, que cada día se hace mas difícil cargarlo y seguir. Comienza a verse las consecuencias: ansiedad, depresión, enfermedades físicas y mentales. Así como en nuestro cuerpo, se ve aumento de azúcar en la sangre, colesterol, trigliceridos, dolencias en las articulaciones, etc.

Hay un verso muy conocido en Mateo 11: 28, que dice:

«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar».

Jesús nos invita a ir a Él, y nos da la promesa de que nos va a dar descanso. Pero, ¿Cómo nos va a dar descanso?, ¿Cómo se le da descanso a una persona que esta cargada?, ¿No es quitando la carga que lleva?. Hay cargas en nuestros corazones, que ni aun nosotros mismos sabemos que tenemos ahí, pero Jesús si, nos conoce y así como para perder peso, necesitamos aprender y adoptar nuevos hábitos, Jesús, trabaja con nosotros para que aprendamos a no llenarnos de lo que no conviene, sino que distingamos en lo que si debemos cargar y que no.

Fijence mas adelante, en el verso 29:

«Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;»
S. Mateo 11:29

Hace algunos años no entendía que era esto de «llevar mi yugo», porque pensaba: «Jesús nos dice que nos va a quitar una carga y, entonces, ¿porque nos va a poner otra encima?». Lo que no entendía en ese momento es que este yugo no era una carga, sino una guía, luego escuche lo que yugo realmente significaba: es una unión que se hace entre dos animales de carga, normalmente, uno es mas viejo que el otro, y ha aprendido el camino y lo que se debe hacer, y el otro es mas joven, y esta unión, le enseña al mas joven que debe hacer y por donde debe caminar. A esto se refiere Cristo, en que debemos dejarnos guiar por Él, y por eso dice: «aprended de mi», y ¿que debemos aprender de Cristo?, el mismo Señor lo dice: «a ser manso y humilde de corazón».

Esta frase, me parece igual a establecer la disciplina de alimentarse y ejercitarse adecuadamente, por ejemplo: podemos ver un hermoso trozo de pastel, que resulta irresistible y que queremos comer, podría ser como una situación en la que vemos algo que nos gustaría y que no podemos tener, y así como nos comemos ese trozo de pastel, nos comemos ese sentimiento negativo de envidia por lo que no tenemos y quisiéramos, o esa ofensa que nos hicieron y que no perdonamos, o esa mentira que dijimos por no ser valientes y afrontar una situación.
Y así como ese trozo de pastel, que solo parece un poquito y nada mas, pero que se va acumulando en nuestro cuerpo, porque nuestro cuerpo no lo necesita, de la misma forma, se van acumulando esos gramos de cargas de sentimientos y emociones negativas.
Es entonces, donde Cristo nos llama que aprendamos, a no llenarnos de esto que no nos sirve, y que solo nos hace daño: «a ser mansos y humildes», a saber decir no a ese trozo de amargura o resentimiento, y a ejercitarnos en ser humildes.

La diferencia, es que cuando hacemos un plan de alimentación y ejercicios, la mayoría lo tratamos de hacer con nuestra fuerza de voluntad, es decir: con nuestra fuerza, pero cuando vamos a Cristo, ya no es con nuestras fuerzas, sino con la guía del Señor y con su poder, que podemos ser transformados a tener un espíritu lleno de gozo, paz y fe.

 

!Dios te Bendiga!

Publicada el
Categorizado como Estudios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *