Hay varios programas en la TV en donde muestran a los «acumuladores», personas que guardan en sus casas, todo lo que consiguen, porque simplemente no lo pueden botar.
Llegan a acumular tantas cosas, que objetos que podían ser valiosos se vuelven basura. No dejan espacio ni siquiera para caminar, sin contar con toda clase de plagas y animales que llegan a adueñarse del lugar. Es realmente agobiante, no tan solo para los habitantes de ese hogar, sino para su familia y amigos.
Soy del pensamiento de que: nuestro hogar es un reflejo de nuestra vida. Si tenemos un hogar ordenado y limpio, seguramente nuestra vida también mantendrá cierto orden. Y, cuando nuestra casa esta desordenada y sucia, también nuestra vida la sentiremos de igual forma.
Leyendo en Mateo 12:43-45, Jesús usa la misma analogía para describir lo que ocurre en un plano espiritual:
«Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.»
S. Mateo 12:43-45 RVR1960
El problema de esta casa, no era que estaba sucia o desordenada, era que estaba desocupada. Parecía estar bien: barrida y bonita (adornada), pero estaba vacía. Y, entonces, ¿De qué debemos llenar nuestra «casa»?
Así como hay estas personas que llenan sus casas con cosas que al final terminan convirtiéndose en basura, de la misma manera nosotros podemos llenar nuestro corazones con pensamientos, emociones y sentimientos que terminan pudriéndonos a nosotros mismos. Como dice Pablo a los Gálatas, en el capitulo 5 de su carta, estas son las obras de la carne:
«Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.»
Gálatas 5:19-21 RVR1960
Pero así como uno, si quiere que su casa este limpia y ordenada, sabe que se debe hacer mantenimiento diario, para evitar que se acumule polvo y suciedad, sobre todo en ambientes en donde hay mucha contaminación; de la misma manera hay que hacer limpieza diaria de nuestros corazones. En especial, cuando tenemos que enfrentarnos todos los días con un mundo en donde la maldad y desobediencia aumenta cada vez mas.
De igual manera como se debería sacar todos los días la basura que se genera en nuestros hogares, cada día tenemos que sacar de nuestro corazones la «basura» emocional que generamos.
La mayoría tenemos los productos esenciales para limpiar, que es el agua, el detergente, el paño; análogamente, nosotros también tenemos que tener los productos esenciales para limpiar nuestro corazones todo los días, los cuales son el arrepentimiento, la oración y la palabra de Dios.
Antes decía que el problema es cuando dejamos nuestra «casa vacía». De repente hay personas que limpian sus «casas» espirituales, sin Cristo, tomando la decisión de no guardar rencores ni practicar cosas que consideran malas o erróneas. Y eso esta bien, el problema esta, en que al no dejar que la presencia de Cristo sea la que entre en sus «casas» y tome el control, entonces, pueden venir estos demonios y entrar fácilmente, y hacer los estragos que habla Jesús.
Es por esto, que cada día no tan solamente debemos ordenar nuestra «casa», sacando los malos pensamientos y emociones, sino que debemos limpiarla con la Sangre de Cristo, reconociendo nuestras debilidades y dejándolas a sus pies, abriéndole nuestros corazones y poniéndolo como dueño y Señor de nuestros corazones, para que El sea el que llene nuestra vida, a través de su Santo Espíritu con:
«Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.»
Gálatas 5:22-26 RVR1960
¡Dios te bendiga!
